Una Síntesis acerca de la Identidad Anglicana

Una Síntesis acerca de la Identidad Anglicana

Cada denominación que conforma la Iglesia Cristiana tiene sus características propias. Es como una especie de “acento” o “énfasis” que las distingue entre las demás. Cabe entonces  preguntarnos: ¿Qué es lo distintivo del Anglicanismo? ¿Cuál es la esencia del Anglicanismo? ¿Qué significa vivir la fe cristiana desde la tradición anglicana?

Tal vez nos hayan preguntado en alguna ocasión: ¿Cómo es tu Iglesia? ¿Es tu Iglesia Católica ó Protestante? La respuesta que algunos dan a estas preguntas es: La Iglesia Anglicana (o Episcopal) es una Iglesia Católica Reformada.

Pero dicho esto así simplemente no dice mucho. Es importante que tengamos en cuenta por que nuestra Iglesia profesa un “catolicismo reformado”. Nuestra Iglesia es Católica, porque es parte de la Iglesia Universal (de ahí el término “católico”, según su significado original); es una rama de la Iglesia Cristiana que: “… proclama el Evangelio en todas partes, a todas las gentes y en todos los tiempos”.

Nuestra Iglesia es Reformada, porque la Iglesia de Inglaterra tuvo su propia Reforma en el siglo XVI, cuando ocurrieron una serie cambios y enmiendas al catolicismo que se practicaba en Inglaterra. La Iglesia Anglicana luchó para preservar la única fe revelada en la Biblia y definida en los Credos, sostenida por la Iglesia primitiva indivisa en los Concilios Ecuménicos. Es bueno puntualizar que la Reforma de la Iglesia Anglicana no significó el inicio de una nueva Iglesia en Inglaterra, como algunos afirman. Su carácter distintivo o “ethos” fue consecuencia de una mezcla de la tradición de la Iglesia Católica occidental, con aspectos fundamentales de la Reforma protestante.

Lo novedoso de la Reforma inglesa no fue la incorporación de un nuevo pensamiento teológico, sino el de regresar a la Iglesia Católica de Inglaterra a la iglesia primitiva de los antiguos padres y de los apóstoles, que son la base y el principio de la Iglesia de Cristo.

Elementos de la Identidad Anglicana.

1.- La influencia de la Biblia en la vida de la Iglesia, en su pensamiento teológico, en su Liturgia.

La Biblia es considerada la autoridad última, porque es la Palabra escrita de Dios, cuyo mensaje de amor fue manifestado plenamente a la humanidad a través de Jesucristo. La manera de comprender, de interpretar y de vivir en obediencia a la Palabra de Dios, es lo que hace del Anglicanismo una forma distintiva del Cristianismo.

Desde el siglo XVII los anglicanos hemos mantenido que la Escritura ha de ser entendida y leída a la luz que ofrecen la  tradición y la razón… ¡esto no significa que usemos los términos…tradición y razón para hacer lo que queramos! Lo que significa es que hay una interrelación entre Biblia, Tradición y Razón que nunca socava la primacía y autoridad de la Escritura. Una teología que se enfrenta con el texto de la Escritura a la luz de la fe de la Iglesia a través de los tiempos, el escrutinio de la razón y la experiencia de los cristianos en la Iglesia y en el mundo de hoy.

2.- Vida cristiana desde la perspectiva anglicana.

La manera en que el anglicanismo enseña y practica la vida cristiana (orto-praxis), es haciendo hincapié en la conciencia y en la libertad del individuo; pero principalmente dirigiéndose a la conciencia individual. Hace énfasis en que somos libres para tomar decisiones, para convertirnos diariamente hacia el Amor, la Justicia y la Misericordia, manifestados en Jesucristo y en semejanza a Él, bajo la guía del Espíritu Santo.

La tradición anglicana deja gran responsabilidad al individuo para trabajar por su propia santificación. Es su voluntad la que debe ser santificada… las iglesias Anglicanas tratan a sus fieles, no como niños que perpetuamente tienen que ser guiados y encerrados dentro de un sistema de normas interminables, sino como cristianos adultos, que deben aprender a escoger y a decidir cómo vivir en la presencia de Dios, confiando en la guía prometida por el Espíritu Santo.

3.- El Libro de Oración Común (L.O.C.).

Un factor muy importante de identidad y de unidad en la Comunión Anglicana es el L.O.C. Su texto litúrgico posee una doctrina comprensible y un estilo majestuoso, fiel a la tradición de la Iglesia indivisa y a las Escrituras.

Para los anglicanos el libro más importante, después de la Biblia, es el L.O.C.  Este ha servido como la autoridad común en asuntos de doctrina, culto y práctica pastoral. En lo que respecta a la espiritualidad anglicana, esta siempre será una espiritualidad fomentada bajo la guía del sistema de Oración Común.

El L.O.C. ha contribuido a mantener la “unidad en la diversidad” respecto a la Liturgia en la Comunión Anglicana. Aunque muchas Provincias poseen su propio L.O.C.,  lo han hecho manteniendo las líneas esenciales de la tradición anglicana del culto.

Esto significa que, cuando un miembro de la Iglesia Anglicana está fuera de su diócesis y participa en cualquier otra iglesia Anglicana, en cualquier país del mundo, va a encontrar una Liturgia con símbolos, usos, ritos y ceremonias afines a la que está acostumbrado. Eso contribuye a la identidad y unidad de las iglesias, por encima de las diferencias culturales, idiomáticas y de otra índole. Esto se debe al uso generalizado del L.O.C. en la Comunión Anglicana.

El L.O.C., junto con la Biblia, representa también el sentido misionero de la Iglesia; debido a que ambos son utilizados dondequiera que esta comienza una nueva obra, en cualquier lugar del mundo.

4.- La Liturgia Anglicana.

Nuestras iglesias son iglesias litúrgicas. Damos una especial importancia a la celebración de nuestra fe cristiana a través de la liturgia.

El pueblo no tiene un papel “pasivo” en la liturgia, sino todo lo contrario, los laicos participan activamente en esta, y establecen junto con el Celebrante u Oficiante un diálogo, en el cual se ora de manera alternada, en otros momentos lo hacen al unísono; leen la Biblia, dirigen oraciones (por ej., las oraciones de los fieles), y está previsto en las rúbricas del L.O.C. que los laicos pueden dirigir el Oficio Diario, leer homilías o comentarios bíblicos, con la autorización del Presbítero o del Obispo. Los laicos, también, tienen cierta participación para auxiliar a los clérigos durante el desarrollo de la liturgia.

El clímax o centro de la Liturgia es la Eucaristía. La Liturgia es conducida con un orden particular mediante el cual, los fieles somos conducidos a una mística – unidad con Dios y los unos con los otros – que contribuye a buscar la consagración a Dios a través de la voluntad de conciencia, y no en una excitación de las emociones.

5.- La autoridad en la Iglesia

En la Comunión Anglicana la autoridad en la Iglesia no es ejercida desde una figura principal hacia los demás niveles subordinados jerárquicamente. A diferencia de la Iglesia de Roma, no existe un Papa en la Iglesia Anglicana. La autoridad compartida colegiadamente por los Obispos, no es una autoridad centralizada en un Obispo supremo.

El Arzobispo de Canterbury es la figura principal que representa a la Comunión Anglicana. Pero en términos de autoridad su jurisdicción está comprendida en los límites de su Diócesis y su Provincia o Arquidiócesis.

El Arzobispo de Canterbury es considerado como “el primero entre iguales” (primus inter pares) en relación al resto de los Arzobispos de la Comunión Anglicana.  Él también un factor de unidad y de identidad en la Iglesia. Existen otros órganos de unidad y autoridad colegiada que identifican al Anglicanismo: La Conferencia de Lambeth, que se celebra cada diez años y en la que participan los Obispos de la Comunión Anglicana; La Reunión de los Primados y El Consejo Consultivo Anglicano.

En la tradición anglicana, y según establece el L.O.C. en la Liturgia de consagración de Obispos, estos deben velar por la fe, unidad y disciplina de la Iglesia; y ejercer su autoridad colegiadamente con los presbíteros y laicos, delegando responsabilidades en ellos. El rol de los obispos en su diócesis es una dinámica que abarca lo pastoral (es el pastor principal), lo sacramental, lo litúrgico y lo social. El episcopado anglicano es un ministerio que ejerce su autoridad con todos los obispos de la Comunión; ninguno debe ejercer su autoridad individualmente, sino dentro del consenso conciliar de la Iglesia Católica y Apostólica.

Otra característica de identidad respecto a la autoridad en la Iglesia Anglicana, es el papel que desempeñan los laicos. En cada diócesis de la Comunión, la autoridad es colegiada entre clérigos y laicos. Ambos tienen el derecho de opinar, votar y decidir en cuestiones del gobierno de la Iglesia. Los laicos están representados en los órganos de autoridad de la Iglesia: Sínodos, Comité Permanente y demás juntas y comités eclesiales. La participación del laicado, junto al clero, es fundamental para la elección de Obispos; buscando así que la persona elegida cuente con el mayor consenso del clero y el laicado, en conformidad con la antigua tradición de la Iglesia.

6.- La Vía Media

Una característica fundamental de la identidad Anglicana, que pareciera estar en el olvido en estos tiempos, pero que sin embargo es algo que los anglicanos siempre hemos valorado es la vía media. El camino medio entre opuestos, como un fiel método teológico. Con frecuencia, esta característica de nuestra identidad anglicana, ha sido mal interpretada como un compromiso oportunista, que puede poner en peligro temas esenciales. Para los anglicanos la vía media es un enfoque que reconoce la paradoja y cree que incluso aparentes contrarios u opuestos pueden ser reconciliados o incluso transcendidos. Más aún, nuestra Iglesia cree que esto es algo bueno y un carisma (don) superior.

Como anglicanos pensamos que la verdad es siempre de mayor alcance que nuestro ordinario pensar, demasiado compleja para que pueda ser formulada por una persona o facción. Esta es una declaración de humildad, conscientes de las palabras del Apóstol Pablo: “Ahora vemos en un espejo confusamente, pero entonces conoceré como soy conocido” (1 Corintios 13,12b). El “misionero” de mitad de siglo XX Max Warren dijo: “Es necesario todo el mundo para conocer todo el evangelio”. En definitiva, la “voluntad de Cristo” sólo se percibe en comunidad mediante oración y diálogo, al tiempo que se estudia e interpreta la Escritura, la razón y tradición informan esa interpretación.

Nuestra tolerancia por la diferencia encuentra sus inicios en los tiempos anteriores a la Reforma del siglo XVI. La moderación y el pragmatismo, tan esenciales a la espiritualidad benedictina, unidos al énfasis en la centralidad de la oración común, permitieron a nuestros antepasados espirituales de las Islas Británicas hallar la verdadera unidad en la oración y los sacramentos. Isabel I se encontró en la difícil situación de tener que mantener, dentro una misma iglesia, tanto a los reformadores protestantes como a los tradicionalistas católicos. Se puede argumentar que el resultante “Convenio Isabelino” (Elizabeth Settlement) fue un accidente de la historia ya que el pluralismo religioso era algo, por entonces, inimaginable. Para muchos anglicanos esto es algo providencial. Desde entonces hemos sido una Iglesia, y ahora una Comunión de iglesias, que lucha por mantener unidas en una misma iglesia a personas con grandes diferencias teológicas y litúrgicas. Un escritor anglicano lo describe de la siguiente manera: “La vocación anglicana consiste en crear una libertad espiritual en la cual las personas puedan dar testimonio de la verdad como ellas la ven, sometiéndose ellas mismas a la crítica de los demás, sin miedo a una censura eclesial, la única condición es que voluntariamente participen en la vida de adoración de la Iglesia y en manifestación externa de lo esencial de la fe bautismal”.

La comprensión por motivos de la verdad nos ha dado buen resultado. Tal vez sea nuestro único y esencial carisma en cuanto Iglesia. Sin embargo, desde el siglo XVI ha habido grupos, tanto dentro como fuera del Anglicanismo, que han estado presionando a la Iglesia para que sea más decidida, y menos tolerante con las diferencias. Tal presión ayuda en la medida que nos mantiene fuera de un relativismo, pero es profundamente dañina si causa separación y división entre aquellos por quienes Cristo murió. Especialmente en estos tiempos, tenemos que luchar por conservar este extraordinario carisma anglicano no sólo para nuestra propia Comunión sino para todos los cristianos. Al hacerlo damos testimonio concreto de la verdad de que nuestra unidad como anglicanos no puede ser medida por un tipo de pensamiento en particular o una serie o conjunto de doctrinas, sino por un espíritu de caridad que cumple la segunda parte del gran mandamiento de nuestro Señor y es esencial al Cuerpo de Cristo.

7.- Vocación Ecuménica

Una de las metas del Anglicanismo, es lograr la reconciliación visible de los cristianos, no en una organización eclesiástica centralizada, sino en una comunión de comuniones, donde exista una unidad esencial en la Fe, libertad de opinión y discusión teológica, y la capacidad para aceptar y celebrar las legítimas diferencias que pueden y deben existir en el pueblo de Dios y donde exista un mutuo reconocimiento del Ministerio Cristiano, y la libertad para expresarlo y vivirlo en una forma plural, que reconozca y acepte las varias formas en las que el Señor nos llama. Cuando por la Gracia de Dios logremos esto, haremos realidad la oración de aquél cuyo Cuerpo fragmentado somos hoy: “Que todos sean uno, para que el mundo crea que tú me has enviado”.

8.- La Identidad Anglicana en México

El Anglicanismo, como una familia mundial de iglesias, tiene la capacidad de encarnarse y expresarse en todas las culturas de la tierra, incluyendo nuestro país.

Para un correcto proceso de inculturación, es necesario que distingamos clara y objetivamente entre los elementos culturales y los transculturales del anglicanismo.

Los transculturales son universales y deberán mantenerse como parte de nuestra identidad anglicana. Estos son esenciales al Anglicanismo y nos identificamos con el resto de nuestra familia mundial.

Los culturales son locales y deben ser transformados por la experiencia de la fe de cada pueblo donde nuestra iglesia se haga presente. Es en estos donde podremos caminar hacia una identidad propia como anglicanos en México. Una identidad que se vea enriquecida por la cultura y las tradiciones de nuestro país, pero siempre con una clara lealtad y congruencia con el entendimiento anglicano de la fe cristiana.

Nuestro proceso de inculturación del Anglicanismo en México se expresará, por ejemplo, visiblemente en un Libro de Oración Común propio, con un calendario que incluya los nombres de mujeres y hombres, nacionales y extranjeros, cuyas vidas contribuyeron a hacer de la presencia Anglicana una realidad en nuestro país.

En Cristo,

Rev. Canónigo Pablo Ramos González

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